
Dificultades para mantener la atención en las tareas del día a día. Problemas para conciliar el sueño. Sensación de ahogo porque no te ves capaz de llegar a todo. Nervios. Nula conciliación con la familia y amigos. De primeras todos estos síntomas nos muestran a una persona que sufre de estrés y de ansiedad. Alguien obsesionado con su carrera profesional y al que se le ha ido de las manos esa idea de que el trabajo es lo primero y que ahora se acerca al abismo de la precisión.
Tranquilos, no es mi caso. Pero sí es cierto que sufro varios de esos síntomas. Y no es culpa del trabajo, ni de nada de mi vida personal que me esté llevando al límite. A mi lo que me provoca este estado es el Mundial. Un evento que debería ser motivo de disfrute, de descubrir jugadores que no están en las grandes ligas y de emocionarte con tu Selección, puede convertir una Copa del Mundo en una auténtica fuente de estrés.
Si alguno tuveérais acceso a mi teléfono móvil y vierais la agenda, daríais por hecho que tengo una vida muy ajetreada, múltiples reuniones. Pero lo que copa la agenda del teléfono durante este mes es el calendario de los partidos del Mundial. Un vistazo a la agenda que pone mi cabeza a funcionar mi cabeza a mil por hora. Que si salgo de trabajar a las 17:30 y me voy a perder el arranque del partido de las 18:00. Que tengo que madrugar y me agobia saber que voy a perderme esos partidos de la madrugada. Todo eso es agobiante.
Que alguien te invite a cenar un sábado se convierte en una tortura mental. Que te digan de dar una vuelta el domingo por la tarde te provoca sudores fríos. ¿Cómo voy a ir a cenar fuera si a las 21:00 juega Francia? ¿A pasear si Bosnia se lo juega todo a las 19:00? La gente no lo entiende, pero el Mundial es el campeonato más especial, al menos mientras haya que esperar cuatro años entre uno y otro. El día que consiguen que se juegue año sí o año no pasará a ser algo rutinario y perderá la magia, pero de momento.
Repasando todo esto, debería de dejarlo. O por lo menos afrontarlo de otra manera. Quizá ver sólo los partidos de la Selección o tal vez añadir las semifinales y la final a la agenda. Dejarme llevar por la casualidad de estar en el sofá sin hacer nada y encender la televisión y encontrarme con un partido cualquiera y dejarme llevar por el momento. Pero eso no va a pasar. Es como aquel que fuma y sabe que debe dejarlo, pero que realmente siente gozo haciendo algo que le mata por dentro. El Mundial me mata por dentro, pero me gusta tragarme el humo compulsivamente cada cuatro años.

